Fundación Reina de Quito

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Esta historia arranca con rostros sonrientes, miradas dulces, manos ávidas por aprender. Nos encontramos en el Centro Terapéutico Aprendiendo a Vivir, la razón de ser de la Fundación Reina de Quito. El centro es una organización sin fines de lucro donde ex reinas de la capital trabajan a favor de una formación integral para niños y niñas con Síndrome de Down. El trabajo es loable por donde se lo mire: atención temprana de calidad e inclusión escolar para los niños.

Fundación Reina de Quito tiene 32 años de vida formal, aunque hace cinco décadas se ha gestado una labor social profunda cuando se eligió a Consuelo Ordoñez como soberana de la ciudad. La Fundación ha vivido diversas etapas de trabajo, sin embargo, Aprendiendo a Vivir ha sido el resultado al esfuerzo y a dar orden a las acciones de las reinas. Sofía Arteta, Directora de la fundación, menciona con orgullo lo logrado: 34 niños insertados en colegios regulares. “Trabajamos para ello, ese es nuestro objetivo”, cuenta. El Centro al momento cuenta con 8 terapistas y 8 auxiliares quienes tejen lazos con pequeños -llegan desde el 1 mes de edad- y con sus padres y familiares, red vital para que el proceso de aprendizaje sea exitoso.

Contar con un programa específico de atención temprana a los niños con Síndrome Down es una gran apuesta a fomentar la inclusión. Alba Viteri, Directora Técnica del centro, cuenta cómo en este espacio se fomenta el trabajo familiar: la aceptación del niño en la familia, inclusión, manejo de técnicas, alimentación. “También trabajamos lenguaje, masticación, deglutir”. Se trata de un universo donde las terapias física, de lenguaje y sicológica marcan un antes y un después en los 120 niños que acuden dos veces por semana a

Aprendiendo a Vivir.


“Damos fuerza a los papitos para que trabajen con sus niños y luego se incluyan en la educación regular. No es fácil, pero existe una normativa vigente para que en las escuelas se incluya a los niños con discapacidad. Nosotros tratamos de dotarles de las herramientas necesarias”, comenta mientras recorremos las aulas y áreas de esta fundación. El centro funciona en el norte de Quito, en un terreno dado en comodato durante la Alcadía de Jamil Mahuad.

 

Desde este lugar, cerca de 30 ex reinas de Quito trabajan de manera activa a favor de los niños de su ciudad. Su trabajo se centra en:

Acrecentar el espíritu de civismo y confraternidad de los habitantes del Distrito Metropolitano de Quito.

Velar por la atención integral de las personas con discapacidad, en especial de niños, niñas y jóvenes con Síndrome de Down.

Promover, impulsar y participar en programas de asistencia social y ayuda a niños, jóvenes, mujeres y ancianos desprotegidos.

Participar en programas de asistencia social en coordinación con instituciones y organizaciones afines.

Desarrollar y colaborar en acciones conjuntas con otras organizaciones públicas o privadas, en programas y campañas destinadas al bienestar de la comunidad.

Colaborar en la preservación del medio ambiente, por medio de campañas y programas de reciclaje, de limpieza y preservación del ornato de Quito.

Cumplir con cualquier otra actividad en armonía con sus objetivos de trabajo de asistencia social comunitaria.

 

La Fundación es clave para estos niños y muchas empresas privadas se alían a su trabajo. Con su apoyo se logra el financiamiento de matrículas y pensiones. El pago de los usuarios asciende al 40% del costo real de los servicios, y la Fundación Reina de Quito financia el 60% con su Programa de Padrinos personales y empresariales, un aporte del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito y la realización de eventos como: Té Juego del Grupo de Voluntarias, Cena de la Rosa, BBQ Fest, Guagua Linda y el ya reconocido Desfile Contrastes.

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