Hotel Carlota: sostenible y ecléctico

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Siete letras encierran una historia de 111 años, guardada celosamente en 740 m2. En las calles Benalcázar y Mejía, a escasas cuadras de Carondelet, está Carlota: 12 habitaciones bautizadas con nombres de pájaros propios del Distrito Metropolitano de Quito dan forma a la primera propuesta integral en la ciudad donde el diseño, el concepto urbano y una visión sostenible se conjugan.

La armonía es evidente, los resultados los esperados. El hotel boutique, con apenas dos meses de vida, está próximo a obtener la certificación LEED (Leadership in Energy & Environmental Design) que tiene lineamientos claros desde su órgano rector, el U.S. Green Building Council, que mide eficiencia energética, uso de energías alternativas, calidad ambiental interior, eficiencia del consumo de agua y más.

Carlota es una bella señora, una niña juguetona o una mujer enigmática, conectada con las nuevas tecnologías y con un amor férreo a la naturaleza. Su personalidad se refleja en sus facetas modernas y antiguas que se cruzan en las habitaciones -lofts, suites, dobles, triples- o en los espacios comunes del hotel: una tienda, un bistró y una terraza lounge.

En este pequeño y privado paraíso verde los detalles cuentan. Su panelería solar traslúcida, importada desde California, EE.UU., alimenta al hotel con el 30% de energía limpia, mientras que el agua de duchas y lavamanos tras un proceso de limpieza, alimentan los inodoros. ¿Más? Carlota es una obra de arte sostenible. Renato Solines y su esposa Verónica Reed, cabezas del proyecto, depuran la idea. “Se recuperó todo el material posible de la obra -que se visualiza, por ejemplo, en los pisos originales convertidos en piezas de diseño-”. También hay otros materiales recuperados: estructuras de hierro, tubos de perforación en la extracción de petróleo convertidos en vigas. Carlota tiene muebles diseñados exclusivamente para cada habitación u otros recuperados de la casona, que datan de los años 50 y 60.

Todo o nada: el concepto sostenible Sus tres áreas de acceso a huéspedes y público en general -tienda, bistró y terraza lounge- se ciñen a la idea original: uso de productos orgánicos, trato con proveedores de la zona y de provincias. Renato puntualiza, “nuestra propuesta gastronómica es comida local - urbana”. Ahí los sánduches brillan: de Seco de Chivo, de hornado o el de roast beef de carne colorada. La tienda, por su lado, promueve productos procesados y se trabaja con marcas que se alinean a las metas sostenibles del hotel como Pacari (chocolate); Vélez (café) y con Floralp y Zuleta (quesos). La terraza lounge es la guinda del pastel. Una visión 360 para disfrutar del Centro Histórico, junto a una selección de 11 tipos de gin. ¡Salud!

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